El plan de estudios como menú
El conocimiento no es un inventario
Uno
de los más graves problemas educativos actuales es el de diseñar planes de
estudio con base en las materias. Es el problema de “dar” matemáticas, historia
del arte o filosofía, cada una de manera independiente de las demás. Lo que se
pretende es aumentar conocimientos y desarrollar habilidades desde las disciplinas
del saber, para impulsar la vida académica. Todo esto, pensando en la vida
futura de las y los estudiantes.
Lo
anterior parece estar bien. ¿Quién no querría que los estudiantes supiesen más
y fuesen más capaces?, ¿quién querría menospreciar la vida académica?, ¿quién querría
restarle importancia al futuro del estudiantado? Nadie; nadie en su sano
juicio. Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. Veamos.
El
problema radica en la implementación de este esfuerzo. Si el plan de estudios
se centra en las áreas del conocimiento, se termina dando una visión fracturada
de la realidad. Como ya se planteó antes en este espacio, nadie hace las
matemáticas de la reconstrucción de su casa separadas de los bosquejos y la
escritura que requieren; esta importante actividad intelectual se realiza de
manera fluida e integrada. Como todas las demás que debemos realizar a diario.
En
la vida real, el conocimiento y su aplicación están naturalmente unidos, y no
artificialmente separados como en los planes de estudio de nuestras
instituciones educativas. Cuando enseñamos así inglés, biología o redacción, le
mandamos una idea equivocada de la realidad al estudiantado.
Sobre
todo, estamos deformando su concepción del futuro. Las expectativas creadas son
poco realistas: no tenemos hoy las soluciones de los problemas que enfrentarán
mañana, ya que éstos cada vez se parecen menos a los de ayer. En su vida futura
lo que los estudiantes tendrán que hacer es integrar todo lo que saben para
innovar, de manera que puedan plantear las nuevas reglas de juego que
requerirán. No se podrá integrar en el futuro desde la fragmentación de hoy.
Una
posible solución estriba en plantear un plan de estudios con base en las
relaciones que se pueden establecer entre las materias. Esto permitiría que las
metas de aprendizaje se conecten con el mundo real, que es un todo fluido.
Cuando se hace así, los estudiantes trascienden la separación de las materias
para aplicar integralmente sus conocimientos en problemas reales, como la
inequidad social o el retraso tecnológico.
La
neurociencia educativa ha demostrado la efectividad de este enfoque: cuando se
aprende desde las interconexiones entre materias, el conocimiento se establece muy
bien en la memoria de los estudiantes y es más significativo. Esta
interrelación tiene triple filo: aumenta su motivación por la escuela, por su
futuro y, sobre todo, por su vida presente. Quizá llegó el momento de dejar de
ver los planes de estudios como inventarios de materias separadas. La vida no
es así… y lo será cada vez menos.
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