Encender el foco: educación y creatividad

Después de ver a sir Ken Robinson en su charla TED (que tiene la friolera de más de 52 millones de vistas: https://www.ted.com/talks/ken_robinson_says_schools_kill_creativity) cualquier profesor con un corazón en el pecho y un cerebro en el cráneo se quedará temblando por la inyección de entusiasmo del ya legendario educador. Y queda claro por qué: es el caballero andante de la creatividad en las escuelas, el quijote de la innovación socialmente relevante. Uno que además tiene dotes de Sancho Panza, de cómico, uno divertido y refrescante.


La creatividad, el centro del discurso del educador inglés, se ha convertido en la piedra filosofal buscada universalmente por los alquimistas del aula de todo el mundo educativo. Esta facultad es tan importante para la educación que está situada en la cima de la pirámide revisada de Bloom para los objetivos de aprendizaje. Es una gema que sí existe y que podemos cultivar, pero de la cual sabemos muy poco. Las razones de su búsqueda son evidentes: vivimos en la era de la información y del conocimiento, del cambio tecnológico acelerado. Nunca antes todo —y esto realmente significa todo, absolutamente todo— se transformaba tanto y tan rápido.


De estos cambios vertiginosos el más radical seguramente es el de la tecnología relacionada con nuestra mente. Es imposible saber a ciencia cierta para dónde irá la humanidad con la aplicación de la realidad virtual, la realidad aumentada y la inteligencia artificial. Con ellas se potencia el alcance de nuestros encéfalos, que están en continua evolución. ¿Cómo afectarán estas tecnologías la estructura y funcionamiento cerebral?, ¿y por ende, nuestra vida cotidiana, social y económica? ¿Qué querrá decir Homo sapiens dentro de unas pocas décadas?


Frente a estas interrogantes, nuestra búsqueda de innovación deja de ser una aventura intelectual para volverse una urgencia social. Sin esta capacidad para generar novedades útiles, nuestra especie seguramente acabará siendo víctima de la caja de Pandora de cambios que ella misma abrió hace poco en nuestra historia, cuando inventó el lenguaje, el pensamiento abstracto, la cultura, la ciencia y la tecnología. Sin más y mejor innovación pertinente… seremos víctimas de nuestra antigua creatividad. Quizá no hay mejor argumento que éste para promover la sustentabilidad. No un regreso imposible al pasado sino la creación de un futuro no sólo posible sino realmente deseable.


La creatividad es un concepto complejo, que tiene muchas facetas: biológicas, sociales, técnicas y económicas. Una de estas caras es particularmente innovadora: la neurobiológica. A todas las personas les queda claro que hay una estrecha relación entre el foco que se enciende, la chispa proverbial de la invención, y el interior de nuestros cráneos. Ahora podemos ver estas lucecitas por medio de geniales productos de la creatividad científica humana: electroencefalografía, tomografía axial computarizada, imágenes por resonancia magnética, tomografía por emisión de positrones… Por medio de estas máquinas es posible, literalmente, ver el tránsito de nuestra energía cerebral mientras creamos, para tratar de entender cómo es que ocurre.


Lo anterior es de ciencia ficción, sin duda. Pero para evitar una distopía es necesaria una visión crítica y responsable, sobre todo acerca de nuestros sistemas educativos. Debemos darnos cuenta de que, como anota sir Ken Robinson en su libro Escuelas creativas, todos y todas nacemos con grandes talentos naturales pero la escuela no los potencia; a veces incluso los obstaculiza. Requerimos de gran creatividad en la educación, no sólo para la escuela de hoy sino para la vida futura de nuestros estudiantes, la cual no sabemos cómo será. Lo único cierto es que la creatividad es una poderosa herramienta para que ellos puedan afrontar esta retadora incertidumbre.

Comentarios

Entradas populares