¿Obligación o gusto por aprender?


La motivación intrínseca es el verdadero motor

Imagínese en una clase; digamos que de redacción. La profesora anuncia que el tema será la sintaxis; específicamente, la manera de coordinar oraciones. Según su opinión, ¿será esta una sesión interesante? Pues depende… ¿De quién? Pues sobre todo de usted… ¿Por qué?
Porque existe una enorme diferencia entre tener que hacer algo y querer hacerlo. El poder para lograrlo, en ambos casos, será generado de manera muy diferente. Si usted está obligado, la fuerza que lo impulsará vendrá de afuera, de algún premio o castigo. Si lo desea, el impulso vendrá de adentro, desde una aspiración muy significativa y personal. Si necesita realizar algo, su motivación será acabar; pero si desea realizarlo, su meta será ejecutarlo bien, lo que siempre le dará satisfacción.
Lo principal para el aprendizaje es esta inspiración. Me refiero a la que sale del cerebro y el corazón. ¿Cómo se puede imaginar? Como una chispa, una generada por el propio aprendiz, capaz de encender simbólicamente el fuego de la motivación y así cambiar la actitud. ¿Qué es lo que saca estas centellas en nuestros estudiantes? Muchas cosas: asignaturas favoritas, relaciones estrechas con profesores respetados, ideas provocadoras y proyectos personales. Sobre todo: los retos emocionantes.
¿Cómo pueden las profesoras provocar estos pequeños relámpagos de una forma estratégica, para promoverlos más allá de lo espontáneo? Lo primero es conocer a sus estudiantes, de una manera individual: una buena profesora sabe muy bien qué le interesa a cada uno de sus alumnos. También, sus diferencias, sus características particulares y hasta su circunstancia en cada momento. Una docente así siempre dispone de medios formales para enterarse, como la observación del desempeño, pero también de informales, como las conversaciones al final de la clase o los comentarios de otros profesores.
Es mucho lo que un docente puede lograr por su cuenta; sin embargo, es indispensable que toda la escuela lo apoye. La institución debe adaptar los cursos a los aprendices, quienes se aburren con los enfoques adocenados y anónimos. Además, debe tejer robustas redes de colaboración con el mundo exterior: museos, empresas, instituciones, fábricas…
Una estrategia específica para las preparatorias, una que no se ve mucho en México y mucho menos en Cancún, es la vinculación con las universidades. No es raro en EU que los estudiantes de high school estén matriculados simultáneamente en su preparatoria y en alguna universidad, tomando cursos avanzados que su escuela no puede ofrecer. Al finalizar, los aprendices expresan una gran satisfacción por el logro, al mismo tiempo que adelantan su ingreso a los estudios superiores, lo que disminuye el riesgo de abandono. Ojalá que nuestras autoridades educativas reflexionarán sobre esta posibilidad.
Por esto, si usted logra ver la lógica maravillosa y la utilidad de la gramática, seguramente se interesará y aprenderá. Pero si lo único que ve es la obligación… Pues chao: adiós aprendizaje.

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