Qué embrollo: director boomer, profes del milenio (o equis) y estudiantado zeta
Imagine, por favor, a Juana. Nació en 2001, por lo que tiene diecisiete años. Está inscrita en la preparatoria pública local, en una especialidad administrativa. Conoce el internet desde que nació; para ella es algo absolutamente normal usarlo al establecer relaciones con sus amistades, a quienes “ve” más por las redes sociales que en persona. También nació poco después del ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York, por lo que no le extraña viajar en avión sin tener que casi desvestirse en público para la verificación de seguridad previa al abordaje. Se enfrenta a una inequidad económica creciente y a una clase media que se encoge. Para ella, pensar en un futuro muy incierto es cosa de todos los días. Juana posee una conciencia de sí misma muy clara, lo que contrasta con lo más propio de su época: el cambio súper acelerado. Quizá por esto, ella y sus compañeros se caracterizan por su lealtad, compasión, responsabilidad, apertura de mente y determinación. A Juana y a sus compañeros les llaman a menudo la generación Neodigital.
Ahora, haga presente en su mente a María. Ella nació en 1986, por lo que tiene 32 años. Vio nacer al internet y ha experimentado muchos otros cambios; por ejemplo, cómo el video beta desapareció y cedió su lugar al formato VHS, luego al DVD, después al Blue Ray, para llegar al streaming de hoy, como en Netflix. Una historia parecida le tocó con los teléfonos fijos, que cedieron su lugar a todo tipo de aparatos móviles, que ahora son “inteligentes”. Para guardar su información María ha usado diskettes, algo que Juana jamás ha visto, para luego “quemar” sus CD, y después utilizar USB, para llegar a nuestra nube. Las personas como ella crecieron hiperconectados, son expresivos, inseguros en lo financiero y desean algo más en la vida que seguir el modelo de sus padres: trabajo, trabajo y más trabajo. La madurez familiar no se les da mucho, por lo que tienden a seguir viviendo con sus padres. También son muy críticos, democráticos y participativos. A María y a sus amistades, de más o menos la misma edad, se les conoce como la generación MTV.
Pedro nació en 1973, y tiene 45 años. Él recuerda muy bien cómo sus dos padres trabajaban, se divorciaron (antes casi nadie lo hacía), se buscaron otra pareja y se alejaron de casa para seguir trabajando, lo que lo llenó de libertad y de confusión. Algunas personas, de mayor edad casi siempre, creen que Pedro y sus amistades son cínicos, flojos y despreocupados. Sin embargo, ellos se consideran felices, emprendedores y dueños de una vida equilibrada. Crearon la MTV, son adoradores del grunge (les encanta Nirvana) y del hip hop, además de creadores artísticos independientes. Son parte de un grupo entre grupos, uno que no ha encontrado un epíteto propio. Tienden a ser muy exitosos en sus negocios. Pedro y sus amistades del mismo grupo de edad son llamados la generación de la llave, por la costumbre de sus padres de darles una para que entraran y salieran a voluntad de una casa en la que ellos faltaban.
Ahora José: él nació en 1958, por lo que tiene 60 años. Le tocó crecer en el auge económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, con su promesa incumplida de un Estado que promovía el bienestar para todos. También sintió la libertad de rebelarse a los valores tradicionales de sus padres. José y algunas de sus amistades fueron hippies, pacifistas y experimentaron con sustancias psicoactivas, como el LSD y la psilocibina. La libertad y la justicia social son para este grupo valores fundamentales. Vivieron una época de riqueza relativa y de conflictos sangrientos, como las guerras en Vietnam y Corea, las protestas estudiantiles y las raciales. Les gusta el rock and roll y tienden a ser liberales. A veces se les conoce como la generación de la contracultura.
El asunto de esta columna, educativa, es que José es director de la escuela en la que Pedro y María le dan clases a Juana. Para decirlo de otra forma, Juana, quien es la estudiante y vive una época caracterizada por el cambio permanente, está siendo preparada por personas, Pedro y María, que todavía recuerdan los tiempos en que no existían las redes sociales ni el internet, personas que reciben órdenes de José, quien continuamente tiene que pedir ayuda a su experto en sistemas, que tiene casi la misma edad que Juana, para resolver problemas con su computadora personal, lo que ocurre muy a menudo. Qué buen embrollo.
En cuanto pensamos en términos de grupos de edad, o generaciones, podemos entender el difícil conflicto que se gesta día a día en cualquier institución educativa. Todos estos grupos han vivido realidades totalmente disímiles, en donde las diferencias van haciéndose más y más notorias conforme pasa el tiempo. La generación de los boomers (por baby boom, en inglés) dirige a las generaciones equis y milénica, quienes enseñan a la generación zeta. Al identificarlo, el origen del embollo se hace transparente, lo que facilita la toma de decisiones para corregir el conflicto.
Ver desde la óptica generacional aporta perspectiva educativa para lograr el objetivo de las generaciones boomer, equis y del milenio: que la generación zeta aprenda en este mundo, en este presente, para enfrentar un futuro y un mundo que, la verdad, nadie sabemos cómo será.
Ahora, haga presente en su mente a María. Ella nació en 1986, por lo que tiene 32 años. Vio nacer al internet y ha experimentado muchos otros cambios; por ejemplo, cómo el video beta desapareció y cedió su lugar al formato VHS, luego al DVD, después al Blue Ray, para llegar al streaming de hoy, como en Netflix. Una historia parecida le tocó con los teléfonos fijos, que cedieron su lugar a todo tipo de aparatos móviles, que ahora son “inteligentes”. Para guardar su información María ha usado diskettes, algo que Juana jamás ha visto, para luego “quemar” sus CD, y después utilizar USB, para llegar a nuestra nube. Las personas como ella crecieron hiperconectados, son expresivos, inseguros en lo financiero y desean algo más en la vida que seguir el modelo de sus padres: trabajo, trabajo y más trabajo. La madurez familiar no se les da mucho, por lo que tienden a seguir viviendo con sus padres. También son muy críticos, democráticos y participativos. A María y a sus amistades, de más o menos la misma edad, se les conoce como la generación MTV.
Pedro nació en 1973, y tiene 45 años. Él recuerda muy bien cómo sus dos padres trabajaban, se divorciaron (antes casi nadie lo hacía), se buscaron otra pareja y se alejaron de casa para seguir trabajando, lo que lo llenó de libertad y de confusión. Algunas personas, de mayor edad casi siempre, creen que Pedro y sus amistades son cínicos, flojos y despreocupados. Sin embargo, ellos se consideran felices, emprendedores y dueños de una vida equilibrada. Crearon la MTV, son adoradores del grunge (les encanta Nirvana) y del hip hop, además de creadores artísticos independientes. Son parte de un grupo entre grupos, uno que no ha encontrado un epíteto propio. Tienden a ser muy exitosos en sus negocios. Pedro y sus amistades del mismo grupo de edad son llamados la generación de la llave, por la costumbre de sus padres de darles una para que entraran y salieran a voluntad de una casa en la que ellos faltaban.
Ahora José: él nació en 1958, por lo que tiene 60 años. Le tocó crecer en el auge económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, con su promesa incumplida de un Estado que promovía el bienestar para todos. También sintió la libertad de rebelarse a los valores tradicionales de sus padres. José y algunas de sus amistades fueron hippies, pacifistas y experimentaron con sustancias psicoactivas, como el LSD y la psilocibina. La libertad y la justicia social son para este grupo valores fundamentales. Vivieron una época de riqueza relativa y de conflictos sangrientos, como las guerras en Vietnam y Corea, las protestas estudiantiles y las raciales. Les gusta el rock and roll y tienden a ser liberales. A veces se les conoce como la generación de la contracultura.
El asunto de esta columna, educativa, es que José es director de la escuela en la que Pedro y María le dan clases a Juana. Para decirlo de otra forma, Juana, quien es la estudiante y vive una época caracterizada por el cambio permanente, está siendo preparada por personas, Pedro y María, que todavía recuerdan los tiempos en que no existían las redes sociales ni el internet, personas que reciben órdenes de José, quien continuamente tiene que pedir ayuda a su experto en sistemas, que tiene casi la misma edad que Juana, para resolver problemas con su computadora personal, lo que ocurre muy a menudo. Qué buen embrollo.
En cuanto pensamos en términos de grupos de edad, o generaciones, podemos entender el difícil conflicto que se gesta día a día en cualquier institución educativa. Todos estos grupos han vivido realidades totalmente disímiles, en donde las diferencias van haciéndose más y más notorias conforme pasa el tiempo. La generación de los boomers (por baby boom, en inglés) dirige a las generaciones equis y milénica, quienes enseñan a la generación zeta. Al identificarlo, el origen del embollo se hace transparente, lo que facilita la toma de decisiones para corregir el conflicto.
Pero, ¿qué es una generación? Wikipedia, que basa sus descripciones de las generaciones en la realidad norteamericana, lo que es muy deformante, dice que se trata de un conjunto de personas que nacieron en fechas próximas, por lo que han recibido educación e influencias semejantes. Esto determina la manera en que ven el mundo, con lo que quizá pasa a ser su mundo. Y si tenemos varias generaciones conviviendo activamente en educación, lo que también tenemos es una superposición de varios mundos: uno tomando decisiones, otros enseñando y uno más, aprendiendo. Mundos que no siempre están en sintonía y que a veces están en franco desencuentro.
Ver desde la óptica generacional aporta perspectiva educativa para lograr el objetivo de las generaciones boomer, equis y del milenio: que la generación zeta aprenda en este mundo, en este presente, para enfrentar un futuro y un mundo que, la verdad, nadie sabemos cómo será.
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