Profesores y andamios
La innovación es cosa de dos
¿Por
qué es indispensable que se impulse la educación para la innovación? Hay dos
razones: una socioeconómica y una pedagógica. Requerimos de innovadores porque las
sociedades y los mercados están en permanente evolución y las viejas respuestas
dejan de funcionar; y porque los estudiantes exploran la realidad cuando buscan
soluciones a necesidades y problemas detectados por ellos, lo que los obliga a
redefinir su comprensión del mundo para hacer sugerencias, mejorando sus
habilidades y enriqueciendo sus conocimientos.
Así,
el proceso de innovación no sólo produce patentes, productos y servicios
nuevos, sino que además promueve la investigación, por no hablar de una notoria
mejoría en los aprendizajes.
Lo
más importante para que la educación para la innovación funcione es la relación
entre maestro y aprendiz. Vygotsky, un psicólogo ruso, propuso lo que se conoce
como zona de desarrollo próximo (ZDP). De manera muy simple, este concepto
alude a que somos capaces de hacer mucho más cuando recibimos el apoyo de un
experto; por un lado está lo que podemos hacer solos, y por el otro lo que
podemos hacer cuando nos asesoran y dan seguimiento. La diferencia entre estas
capacidades es la ZDP.
En
un aula en donde la educación para la innovación funciona ocurre algo parecido
a esto: el proceso arranca cuando el profesor o el estudiante proponen la
discusión de un problema o necesidad importantes. El profesor entonces diseña
materiales didácticos que mejoren las habilidades creativas específicas para el
proyecto planteado. Esto constituye una asistencia dirigida desde afuera y su
objetivo es promover la generación de nuevas ideas y de motivación por parte
del estudiante.
Cuando
a partir de esto el estudiante se sumerge en el problema o necesidad, el
proceso pasa a estar bajo su control, con actividades iniciadas por motivación
propia; entonces la asesoría se le da solo cuando la solicita. Un buen
estudiante es aquel que navega con seguridad entre estas dos etapas: sabe implicarse
en su propio trabajo pero también es capaz de aprovechar la asesoría del
docente, quien actúa como experto.
Dicho
de otro modo: para innovar en la escuela es necesario promover dos patrones de
interacción: del profesor con el estudiante y del estudiante con sus ideas. Se
trata de la relación entre la mente del profesor y la del estudiante —un
proceso intermental, por decirlo así— para luego dejarlo bajo sus propias
herramientas creativas —lo intramental.
Comentarios
Publicar un comentario